LA LÁMPARA QUE ALUMBRÓ EL SEPULCRO DE JESÚS

 

Esa lámpara fue la LUNA. Esta luna que nos alumbra a nosotros es la misma que alumbró el sepulcro de Cristo y es el único testigo que nos queda hoy de su agonía en Huerto de los Olivos, su prendimiento y su proceso nocturno entre Herodes y Pilato y los sumos pontífices y la soldadesca y el populacho. La luna del Viernes Santo nos sigue recordando los episodios más nefastos de la historia. Es la plena de marzo, la de la Parasceve, la que este Año Santo 2025 nos debe hacer sentir nuestra plena comunión con el Señor, que nos ofrece su cuerpo destrozado y roto por nosotros. También la naturaleza y los astros, lejos de ecologismos baratos, nos invitan a trascender lo material y a sumirnos en las realidades más altas o más profundas. Esto mismo lo recordé hace más de treinta años en un artículo que titulé: «La Luna de la Parasceve».

Acaso alguno estará pensando por qué en Semana Santa siempre hay luna llena. Y la respuesta es tan sencilla como que, efectivamente se la hace coincidir con la primera luna llena de primavera, con lo cual tenemos a la luna como protagonista y decididora de la fecha de cada año.  La celebración de la Pascua de Jesús a través de la historia de la Iglesia es larga de contar y ha tenido diversas vicisitudes a lo largo de los siglos, e incluso dio ocasión a grandes contiendas. Fue en el Concilio de Nicea, año 325, cuando se invitó por primera vez a todas las iglesias a celebrar la Pascua el domingo siguiente a la luna llena del equinoccio de primavera. ¡Qué casualidad que estamos celebrando los 1.700 años justos de aquel Concilio!

Después hubo controversias, que no vienen ahora al caso y la Iglesia Católica optó por seguir recordando la Pasión y Muerte de Jesús en la fecha que el Evangelista San Juan llama de la “Parasceve”  o preparación para la Pascua judía. Y eso era en la primera luna de primavera.  Esa luna – repito – que hoy queda como único testigo de la naturaleza, que iluminó con su pálida luz el sepulcro de Cristo a manera de primera lamparilla de sagrario. ¡Ah! Y también tuvo el privilegio de ver la Resurrección de Cristo al alborear el primer día de la semana. ¡Testigo de excepción!

Pero no es la luna, ni la Parasceve, lo que celebramos, sino la “pascua” o “paso” de Cristo entre nosotros.  Celebramos la victoria del amor y de la gracia de Cristo que espera una respuesta agradecida por nuestra parte al don que se nos hace. Celebramos su victoria sobre la muerte y el pecado, que nos asegura la inmortalidad futura y la resurrección gloriosa. Esto es un motivo de alegría y de esperanza que nos hace sentirnos criaturas nuevas en medio de un mundo envejecido por el mal. Todavía tenemos que creer en la recuperación de nuestra sociedad, a pesar de que en el primer cuarto de siglo del siglo XXI no nos están dando demasiados motivos de optimismo, porque seguimos con las mismas lacras y miserias de siglos atrás. Están cada día en todas las redes de comunicación.

La salvación no está en los políticos, ni en los poderosos, ni en los ricos, ni en los altos dignatarios de los Estados o de la Iglesia, sino en Cristo resucitado. Él nos trajo la “Buena Noticia” y nos dio las pautas precisas de comportamiento.  Nosotros nos empeñamos en reducir eso al ámbito de lo privado o íntimo del hombre, pero el mandato del Señor es contundente y no para el ámbito privado: “Id al mundo entero y predicad la Buena Noticia”. ¿Acaso esto hay que hacerlo sólo a puerta cerrada? Nuestra sociedad necesita impregnarse del mensaje de la salvación para aplicarlo en cada momento oportuno en el comportamiento humano.

La pasión y resurrección de Cristo no pueden quedar baldías.  En la Semana Santa aparecerá la luna llena de la Parasceve, que nos recordará que ella – y no otra –  sigue siendo testigo de lo que sucedió en Jerusalén y que acaso tendría que reprocharnos y echarnos en cara lo poco que hemos prosperado espiritualmente en tantos siglos y lo mucho que nos parecemos a aquellos protagonistas de la pasión de Cristo. Estamos a tiempo de cambiar… comenzando por cada uno de nosotros.

Alfonso María Frechel Merino

Prelado de Honor de Su Santidad

Texto publicado en EL ADELANTADO DE SEGOVIA  suplemento de la Semana Santa el Viernes 11 de abril de 2025.

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